Hay que celebrar las fiestas cuando se presentan.

Muchos simplemente pasan por alto su cumpleaños redondo. Una cena en familia, quizá una copa de vino más de lo habitual. Y luego el día transcurre como cualquier otro. Sin grandes alardes, sin fiesta, sin viaje. Uno está ocupado y, de alguna manera, parece exagerado celebrarse a uno mismo de esa forma.

Yo lo veo de otra manera.

Un día que cuenta.

Un cumpleaños redondo no se celebra todos los años. Cuarenta, cincuenta, sesenta: son hitos que no se deben dejar pasar por alto simplemente porque el día a día esté muy ajetreado. Precisamente estos días merecen un marco que les haga justicia. No por vanidad, sino porque la vida se compone precisamente de momentos como estos. Quien los deja pasar, no podrá recuperarlos más adelante.

En los últimos años he asistido a varios cumpleaños redondos. Casi siempre empieza con la misma frase: „En realidad, no quiero nada a lo grande“. Al final de la velada, suelo oír algo diferente. Que ha sido justo lo que hacía falta. Que ha sido bonito reunir a todo el mundo. Que ha sentado bien celebrar ese día de forma tan especial.

El marco marca la diferencia.

Un cumpleaños en un Chalet en Mallorca Es una experiencia diferente a la de una velada en un restaurante o en el salón de tu propia casa. La terraza con vistas al mar. Un chef privado que cocina exclusivamente para esa noche en concreto. Un barco que lleva a los invitados por la tarde a una cala, antes de que comience la celebración por la noche. No se trata de un programa estándar, sino de un día a la medida de la persona que lo celebra.

Y, sinceramente: ¿por qué celebrar solo los cumpleaños redondos? El 41.º no cuenta menos que el 40.º solo porque suene un poco raro. No hace falta un cero al final para aprovechar un cumpleaños como ocasión y convertirlo en algo especial.

De qué me encargo en este proceso.

Es precisamente aquí donde empieza mi tarea. Me encargo de elegir lo que mejor se adapte a la ocasión. Cuento con el lugar adecuado, organizo al chef, el barco, la música, las flores y todo lo demás. El anfitrión no tiene que preocuparse de nada, salvo de disfrutar del día.

Dentro de diez años volverá a ser un cumpleaños redondo. Hasta entonces, solo nos quedarán los recuerdos de cómo se celebró. O de cómo no se celebró.

Todo cumpleaños merece ser celebrado. Al final, uno se alegra de haberlo hecho. Une a las personas, aporta alegría y, al final, queda un recuerdo que se puede evocar con una sola frase: „¿Te acuerdas?“.“

Quizá sea eso lo que, al fin y al cabo, hace que un cumpleaños redondo sea tan valioso: no la celebración en sí, sino lo que queda después.

Disfruta de las fiestas cuando se presenten.

mallorca. just better.
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Foto de Herzlichst <br>Ihre Bettina Müller
Atentamente
Atentamente, Bettina Müller

Fundador/propietario bm concierge Düsseldorf | Mallorca

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